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Carlos Sarduy Trio

La Habana también mira al Mediterráneo.  

A veces uno cambia de isla sin dejar de llevar consigo la primera.  

Carlos Sarduy nació en La Habana y desde hace años vive en Formentera. Entre una isla y otra cabe buena parte de la historia de un músico que nunca ha entendido las raíces como un lugar al que regresar, sino como un punto desde el que seguir avanzando.

Trompetista, pianista, percusionista y compositor, Sarduy posee uno de esos sonidos que se reconocen antes incluso de mirar el programa. Hay algo profundamente cubano en su manera de entender el ritmo, pero su música lleva mucho tiempo viajando: jazz contemporáneo, tradición afrocubana, flamenco, funk y soul aparecen y desaparecen dentro de un lenguaje que ha compartido con artistas como Chucho Valdés, Bebo Valdés, Steve Coleman, David Murray, Esperanza Spalding, Buika, Mariza u Ojos de Brujo.  

Su trayectoria incluye además grabaciones distinguidas con un Grammy y dos Latin Grammys.

Esta vez llega a Alternatilla en formato de trío, acompañado por dos músicos con los que existe ya una complicidad real: Aaron Puente al contrabajo y Alain Ladrón a la batería. Los tres nacieron en Cuba y los tres han ido construyendo también parte de su presente musical en las Pitiusas. Puente y Ladrón comparten además numerosos proyectos y escenarios con Sarduy, de manera que aquí no hablamos de tres músicos reunidos para la ocasión, sino de una conversación que viene de lejos.

Y el formato importa. Sin más instrumentos alrededor, cada gesto queda al descubierto. El contrabajo sostiene y empuja; la batería abre huecos, provoca, responde; y Sarduy puede pasar de la trompeta al piano y cambiar con ello, de repente, la arquitectura completa del trío.

Tres músicos. Mucho espacio. Y ninguna intención de llenarlo porque sí.  

Quizás por eso esta formación permite escuchar especialmente bien aquello que hace tan reconocible la música de Carlos Sarduy: la melodía y el ritmo hablando constantemente entre ellos, La Habana apareciendo sin convertirse nunca en nostalgia, y el jazz entendido como un lugar donde la memoria puede seguir moviéndose.

Porque las raíces no siempre atan. A veces también sirven para viajar.


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